miércoles, 1 de junio de 2016

Experiencia de vida de Camilo, un joven con el Síndrome de Asperger.


Soy Camilo y voy contar en forma cronológica lo que creo, son los principales hechos de mi vida siendo “Asperger”, y lo que sentí durante esos momentos. No considero que mi vida sea ejemplar ni mucho menos, no la escribo por ello, tampoco para llamar la atención, pero intentaré ser lo más objetivo posible, (aunque personalmente no creo precisamente que las personas puedan conseguir ser plenamente objetivos, pero sí que se puede hacer un esfuerzo por intentarlo…), ya sea para lo bueno como lo malo.
Ante todo me describiría como una persona que vive permanentemente añorando el pasado y mira con muy poca fe un futuro que le parece negro pero que al mismo tiempo se da la oportunidad de enfrentarlo para que sea lo menos negro posible. Como dije, no me gusta llamar la atención, razón por la cual yo nunca digo abiertamente que soy “Asperger” porque siento que eso inmediatamente lleva a caricaturas o tópicos, entre los que al menos yo no me siento parte. Pero tampoco podría negar muchas cosas, como mi liosa relación con el colegio, por decir lo más evidente y que se relaciona sin duda con mi condición. Además ciertamente alguien, a quien respeto mucho, me dijo que precisamente diciéndolo es como demostraría que muchas veces se tienen una imagen caricaturesca del “Asperger”, cuando no tiene nada de “cool” ni mucho menos, ni busca serlo.
Camilo.

Nací el 07 de Octubre de 1989. No tengo idea de cómo fue mi nacimiento y me da igual, la verdad es que no me gusta mucho eso de “dar vida”, que para mí es imponer vida (aunque tampoco es una crítica, solo lo que yo siento). No recuerdo bien mis primeros años de vida. Lo único que podría decir es que recuerdo que viví durante mis primeros años en la comuna de “La Granja” hasta que me cambié a vivir al lado de mis abuelos y tías (del lado materno) en la comuna de Santiago (lugar en que actualmente vivo), y que me encantaban los dinosaurios y que me compraban enciclopedias de ellos porque me gustaba mucho organizarlos y clasificarlos. Eso antes de que aprendiera a leer, creo. Pues eran libros que me leían y luego yo ordenaba mis juguetes de dinosaurios, creo que sobre todo según si eran carnívoros o herbívoros, pues creo (lo siento por tanto decir “creo” pero no puedo asegurar mucho porque como dije no recuerdo bien como para estar seguro en mis conclusiones). Además me encantaba la película de “Jurassic Park” (la primera), lo que me acercó más a ese mundo. Al parecer, llamó la atención en mi familia ese fuerte interés específico mío en un tema.
Hasta hoy conservo un Velociraptor de peluche que me regaló mi papá y lo conservo porque si no, siento que sería perder una parte de mi memoria y además en sí, es un peluche bastante lindo y único para mi gusto. Este tipo de dinosaurio, no recuerdo si mi preferido, pero sé que lo veía como el “mejor”, el más equilibrado en sus destrezas y el que me gustaría “ser”. También me encantó la película del “Rey Leon”, razón por la cual, Simba fue mi personaje favorito durante mucho tiempo.
Velociraptor . Fotografía de Camilo Cuevas.

Cuando entré al Jardín Infantil, recuerdo que no lo pasaba bien y que detestaba a una profesora en particular que sentía que la había “agarrado” conmigo. Recuerdo también que tuve un amigo, por lo menos, durante ese periodo ya que iba a mi casa y viceversa y en los recreos jugábamos juntos. Antes de eso, no recuerdo haber tenido amigos ni interés en compartir con otros. Sé, por lo que le he escuchado a mi madre contar en ocasiones sobre mí, cuando ha tratado con profesionales, que yo llegaba del jardín llorando y gritando que me iba a suicidar y ella no entendía por qué, y que no era normal a tan corta edad sentirse así.
Según yo recuerdo, en el jardín tenían un sistema de que por cada trabajo en clases, te ponían una calcomanía de una cara feliz, si es que era aprobado, y uno de una cara triste si es que no, y creo que resultaba frustrante para mí cuando me tocaba este último, siendo que era un niño tranquilo y que hacía caso en todo y que por tanto me resultaba duro cuando la profesora me regañaba, siendo que yo intentaba que todo saliera bien. Más adelante, sé que otra profesora se comunicó con mi mamá para hablarle acerca de la situación mía y le dijo que aquella profesora pasaba por una mala racha porque estaba saliendo de un divorcio. No sé en que quedó aquello, pero parece que con el tiempo las cosas fueron más estables para mí y terminé aquel año de jardín infantil. Recuerdo aquella profesora con gratitud porque me parece que era cariñosa conmigo para anteponer las formas de la otra. No recuerdo que lo pasara bien pero tampoco especialmente mal, pese a lo anterior.
En ese entonces además, descubrí los videojuegos a través de mi tía menor que tenía una Nintendo, y que entre sus muchos juegos, tenía el Mario Bros, que me encantaba y ese era mi pasatiempo preferido. No recuerdo que me gustara hacer otra cosa en especial en mi tiempo libre. Otros momentos que recuerdo de aquel año 1995 (o cerca de éste) es cuando me llevaron mis papás de sorpresa a ver una exposición de animatronic de dinosaurios y creo que fui muy feliz, desde luego.
También recuerdo que me encantaba ir al cine con mi tía mayor cuando me llevaba. Recuerdo que, entre lo que vi estaba la película de los Power Rangers (que como muchos niños en esa época, no me los perdía) y a la salida, siempre me llevaba luego al Burger King/McDonald, pero siempre estaban todas las mesas ocupadas así que ella me dejaba en una, mientras iba por la cajita feliz, pero en una ocasión salió mal todo porque llegó una familia de 4 personas y se sentaron en la mesa en la que yo estaba, sin preguntar ni nada; ante lo que no supe que hacer al estar sentado con gente desconocida y me salí y fui donde mi tía, por lo que perdimos la mesa (en fin, siempre he guardado rencor contra aquella familia por la cobardía que hicieron con un niño…).
Garfield y Donkey Kong. Fotografía: Camilo Cuevas.

También por aquellos años, siempre en las vacaciones, me iba a Viña del Mar con los abuelos. No sé si realmente me gustaba ir, quizá prefería quedarme en casa jugando juegos, pero probablemente como lo decían como gran cosa, el salir de vacaciones, pues iba feliz. También me encantó cuando me llevó mi tía mayor a ver un espectáculo de delfines. Lamentablemente, la tía menor era problemática muchas veces, por lo que ponía las cosas difíciles para dejarme jugar con la consola, razón por que mis papás me regalaron una Super Nintendo, pasando mucho tiempo jugando en casa (juegos como la serie Donkey Kong o Mario RPG, que juego a veces hasta hoy, solo por nostalgia), sin mostrar interés en otras actividades “de niño” como jugar a la pelota o andar e bicicleta.
En fin, creo que en términos generales, recuerdo como que lo bueno se antepuso a lo malo en aquellos primero 5 años de vida. En general pasé mucho tiempo de mi vida junto a mis abuelos, debido a que mi papá trabajaba y mi mamá estudiaba. Pero no digo que ellos me hicieron “falta”, sino que, más bien pasé tanto tiempo con ellos, como con los otros.
Luego, debido a la mala experiencia del jardín, entré a primero básico en 1996 en otro colegio. Experiencia que hasta hoy me parece curiosa porque era un colegio municipal con salas con 40 niños o más, pero no recuerdo nada particularmente mal. La profesora era distante pero al mismo tiempo la sentía como agradable, todo lo contrario a la del jardín, pues nunca tuve un conflicto con ella. Y como en el jardín, tenía además un amigo con el que compartía en mi casa y viceversa y aun con la edad, había confianza y apoyo mutuo. También tenía buenas notas, sin necesidad de ser estudioso, razón por la cual recuerdo con agrado cuando mis papás mi compraron un Caballero del Zodiaco original de premio (que como muchos niños en aquellos tiempos, encontraba que era lo mejor nunca antes visto en televisión, y que sigue siendo mi serie preferida hasta hoy, porque nunca he visto otra serie de tipo adolescente que exalte con tanta emotividad los valores del compañerismo, la lealtad, la redención o el sacrificio). Pero era un colegio, desde luego, bastante formal por lo que para Segundo Básico, entré en otro donde se le daba más importancia a lo “humano y social” dentro de su formación. Ahí tuve muchos problemas, creo, porque ya las cosas no eran “tan mecánicas” como antes y debía expresarme más. Cosas como el crear poemas, realizar trabajos manuales o el tener que compartir tanto con otros en grupos, sentía que no eran lo mío y que me costaban mucho más que al resto sin saber el por qué. Por el lado bueno, la profesora que tuve era muy cariñosa (para mí una de las mejores que he tenido) y creo que ayudó mucho conversando y conociendo mi punto de vista, sin inmediatamente retarme como en el jardín infantil.
Kanon de Dragón Marino y Saga de Géminis. Fotografía: Camilo Cuevas.

Recuerdo especialmente lo mucho que odiaba el tener que realizar poemas y luego disertarlos. En una ocasión, una compañera llevó uno que no era suyo realmente, ya que yo lo había visto antes en un libro, pero fue presentado como de ella, entonces para cuando me tocó a mí, hice lo mismo simplemente creyendo que se podía y la profesora no podía creer que pudiera escribir aquella prosa y me sacó de la sala para explicarme lo bueno que era lo que había entregado. Entonces comprendí, y le dije que no lo había escrito yo, le pedí perdón y lloré, pero aun así me dio todo el apoyo por reconocerlo y que no me preocupara y luego lo habló en clase. Por lo demás, no quise explicar que lo había hecho a raíz de que antes también lo hizo otra compañera, pues me sentía mal delatándola. Con este tipo de situaciones, al final nunca he sentido que haya obtenido algo a cambio (en el sentido del “karma) pero al menos he mantenido mi honor personal, creo. 
En cuanto a amigos, siento que esta vez, nunca tuve un compañero de verdad como antes, aunque intentaba estar junto al grupo, pese a que siempre me sentí, y me hicieron sentir, como el “débil”, pues no era agresivo e intentaba ser un buen compañero. Recuerdo que jamás me gustó convidar, por ejemplo de mi refresco cuando me pedían, porque soy “asquiento”, pero era muy sumiso e ingenuo como para negarme y de eso todos se darían cuenta, por lo que ya sabían que podían “contar” conmigo. Sin embargo hubo un profesor al cual adoraba, y que me invitaba a jugar ajedrez con él y era el momento en que mejor lo pasaba; pues muchas veces me he llevado mejor con adultos que con gente de mi edad. En casa, por su parte, estaba muy feliz porque para entonces ya me habían comprado la Nintendo 64.
Ya en Tercero Básico, tuve una profesora mucho más estricta y exigente en las materias. Ahí empecé a tener problemas, pues no podía seguir el hilo de la clase, me perdía. Ahora sé que no podía concentrarme por más que lo intentara porque es difícil estar en una sala de clases para mí y recibir las instrucciones en forma grupal, sumado además a que la profesora solo me ponía más nervioso con su forma de ser y llevar la clase (aunque igual la recuerdo de buena manera, porque también podía ser cariñosa). En esta etapa es cuando empecé a odiar el colegio y no me gustaba ir, resultaba una tortura.
También recuerdo que durante este tiempo empecé a realizar y a involucrarme en cosas que realmente no disfrutaba, pero que me involucraba para no quedar apartado de los demás. Por ejemplo me metí a un taller de fútbol sin que este deporte me gustara ni interesaba. Empezaba también a ver fútbol por televisión pero realmente solo me aburría. Recuerdo que en medio de los partidos, era tan poco el interés que sentía que repentinamente me “iba en otra” y me ponía a pensar en otra cosa y a caminar dando vueltas sin saber que sucedía en la cancha y como iba todo. No obstante, si ponía esfuerzo de mi parte para ser un aporte en el equipo, pero muchas veces de forma inconsciente “estaba en otro mundo” simplemente.
Fotografía: Camilo Cuevas.

Por ese entonces había comenzado a ir horas con terapeutas y otros profesionales por recomendación, lo cual detestaba porque implicaba salir del colegio y perder todo el resto del (largo) día trasladándose en micro por medio Santiago, y me daba “lata” ver que los demás niños no les tocaba eso y sin saber por qué a mí sí. De ahí que le tengo asco a las micros (transporte público). Además ya no podía ver Dragon Ball, como antes, a diferencia de los otros niños; pero también durante ese año, mis papás contrataron al parque de diversiones “Parque Hollywood”, de ese entonces, para celebrar ahí mi cumpleaños, y aunque lo pasé muy bien, una de las cosas que más me arrepiento es haber invitado solo a los niños y no a las niñas ya que había oído que “era de débiles hacerlo” y por tanto no me atreví y seguí el juego de los demás (creo que con eso, merecidamente me gané el odio de ellas). Por lo demás, por primera vez en mi vida, pude sentir que los demás “me seguían”, eso sí.
Durante ese tiempo también había comenzado a engordar mucho (pese a que por primera vez practicaba un deporte).Ya en cuarto básico, los profesores habían notado que había cambiado mucho (no solo físicamente), ya no era tranquilo, respetuoso y obediente, ahora me involucraba en todos los desórdenes de los demás y decía garabatos “para ser alguien”. Obviamente era tan solo una forma de sentirme seguro intentando seguir a “la manada”, aunque siempre me sentí apartado de todas formas. Sumado además a que esa etapa de mi vida fue complicada porque me cambié de casa nuevamente (pase de Santiago a La Dehesa ya que mi papá tenia trabajo en un lugar de por ahí) y hubo fuertes problemas familiares a causa (a su vez) de problemas laborales, entre conflictos de negocios (con unos sujetos que intentaron “jugársela” a mi papá), y por tanto empecé a pasar más tiempo en casa de mi abuela, sin ver a mis papás, y cuando los veía (cuando volvía a mi casa), siendo pequeño aun, podía notar cuán aproblemados estaban y era doloroso, sin saber bien, claro, que sucedía; había mucho caos emocional en casa.
En ese entonces ya me daba igual como me fuera en el colegio, las notas, el comportamiento; no obstante definitivamente sé que tenía mucho odio adentro de mí, porque veía que los demás niños de mi edad no pasaban por mi situación y no era justo, decía que “por qué me tocaba a mí”, además de que nadie sabía cómo me sentía. A veces, luego de clases, me quedaba hasta más de dos horas esperando a que me fueran a buscar, y recuerdo que me preguntaban profesores y apoderados sobre si llamaban a casa o me iba con ellos por mientras; yo recuerdo que respondía que no importaba, que yo esperaba no más.
Fotografía: Camilo Cuevas.

Igual siento remordimientos de toda esta parte (pero creo que debo hacerlo si quiero contar “mi historia”) porque de todas formas sé que lo que sucedía no era culpa de mis padres, y ellos estaban superados por las circunstancias y, por el contrario, creo que hicieron mucho por mí, para como estaba todo. Tampoco guardo resentimiento por todo aquello, pero era la razón de porque entonces me sentía como me sentía. Me sentía mejor, incluso, en el colegio que en casa. Además detestaba ver cuánto había cambiado mi vida en tan poco tiempo. Ya no había TV por cable y siempre estaba atrasado con respecto a los demás, ya que no podían comprarme materiales o útiles de las clases. Por supuesto, realmente no era el fin del mundo por no tener algunas de esas cosas, pero lo digo bajo mi perspectiva de ese entonces y en comparación a los que me rodeaban.
Ya en quinto básico, luego de cambiarme nuevamente de casa por razones económicas, me pusieron en un colegio municipal de monjas y es por “paliza” el peor lugar que jamás he estado, pues la mayoría de los alumnos (unos 50 o más por sala, creo) eran unos matones y matonas y las “monjitas” (profesoras horribles y detestables) te trataban como basura aunque no te comportaras como los matones. Y evidentemente con mi carácter retraído y tenso, era peor, pese a que de verdad quería ser un “buen alumno” ahora. Era como un regimiento militar, sin serlo, y si es que no, peor. Además, es el único lugar en donde he estado en que tanto los alumnos como profesores eran peligrosos. Vaya que lo pasé mal en esa “cloaca”, tanto que mis papás, haciendo un gran esfuerzo, me volvieron a poner en el mismo colegio en que estaba antes y en donde terminé ese año.
Ya para Sexto básico, nuevamente me había cambiado de casa y en el colegio estaba lejos de ser un alumno “modelo” y no me interesaba serlo, simplemente ya era algo que veía muy lejano, pues si en clases no lograba concentrarme y entender las materias, al menos no me quedaría fuera de las “travesuras” de los demás. También había “bullying” hacia mí, claro, aunque yo también lo hacía o al menos lo intentaba (sin mucho éxito, eso sí).
Ya a mitad de año mis papás decidieron sacarme del colegio, en ese entonces no entendí bien por qué, más allá de que era necesario “un nuevo comienzo”. Desde luego no extrañaba el colegio y me ponía contento. Pero en casa comencé a experimentar una especie de pánico y angustia que me provocaba cuando me quedaba solo, pese a que estaba siempre encerrado (me pasaba jugando playstation, aunque sé que realmente no lo disfrutaba mucho) y recuerdo que comía demasiado. En las noches además no podía dormir y cuando lo hacía recuerdo tener constantes pesadillas. Recuerdo que cada día se me hacía eterno.
Fotografía: Camilo Cuevas.

También me quedaba muchas noches despierto viendo dibujos animados (eso cuando el cable no estaba “cortado”) ya que probablemente me relajaba. De todas formas, creo que esa es la razón de porque ahora muchas de esas caricaturas (de Nickelodeon) me resulta desagradable de ver, aunque pese a eso me gusta ver, a veces por youtube, la intro de alguna, por ejemplo, para simplemente comprobar y recordar cómo me sentía (un poco masoquista, lo sé…). Por cierto, por este punto descubrí el internet en casa de mis abuelos y con eso creo que recuperé lo que tenía de más niño, cuando clasificaba científicamente mis juguetes de dinosaurios, pues me gustaba recopilar datos e información general de luchadores de lucha libre y luego imprimirlos para hacer como mi propia enciclopedia.
En ese tiempo también pasé días en casa de mis abuelos con mi tía (con quien jugaba mucho videojuegos o me arrendaba películas, por lo que igual podía pasarlo bien) ya que prefería quedarme allá para tener siempre compañía y porque me agobiaba el ver a mis padres, que aún no salían del todo de sus problemas (cosa por la que me siento culpable ya que probablemente necesitaban de mi compañía).
En general yo sabía que “no estaba estable” y más adelante supe finalmente la razón de que por qué mis papás me sacaron del colegio a mitad de año, y era porque comenzaría secciones con un psiquiatra (creo), siendo esta la prioridad en este punto. Este me diagnosticaría finalmente como “Asperger”, cosa que no entendía más allá de que era “algo” que me dificultaba ciertas cosas. De todas formas me parece difícil de determinar hasta qué punto el “Asperger” influyera para mal en lo que había ocurrido en mi ambiente, o si era independiente de eso y no cambiaría mucho. Yo creo que sí influía el ver que tenía “una manera distinta de entender”. Y ciertamente hay un “antes y un después” para mí. Creo que ahora tenía una nueva actitud en cuanto a mayor conciencia de mí mismo como persona, y que había una oportunidad de comenzar de nuevo para mejor y “salir adelante”. 
De todas formas a comienzos del año 2002, en pleno verano cuando me preparaba para comenzar un nuevo año escolar en un nuevo colegio, me había ido de vacaciones con mi abuela (como dije solía ir con ella de paseo a Viña del Mar) y sucedió el que probablemente ha sido el hecho más duro y traumático en mi vida…
Fotografía: Camilo Cuevas.

Es inevitable hablar un poco de mi abuela (e intentaré ser lo más breve y directo posible) para entender un poco que puede pasar por su cabeza, pero es una persona que ha sufrido de depresión con intentos de suicidios (lo que ha hecho difícil siempre la convivencia con ella porque repentinamente “le baja”) y en muchas ocasiones “se le va la cabeza”, tiene una memoria muy frágil. Todo esto debido a los maltratos que sufrió en su niñez al ser abandonada por su madre y ser adoptada “como una sirvienta” por una familia que, desde luego, se podría decir que era la maldad en estado puro (sí, puede parecer un cuento esto pero la realidad supera a la ficción como se dice).
El caso es que un día fue al shooping, pues es típico que cuando estaba con ella de vacaciones, íbamos a almorzar al patio de comida y luego aprovechaba siempre de pasar (a veces porque iba a comprar y otras veces simplemente a “vitrinear”) al supermercado. Es de esas personas que les gusta comprar por el hecho de hacerlo, aunque no necesite realmente lo que lleva. En esta ocasión fue a mirar (aunque siempre decía que era porque iba a comprar algo) y una vez, al irnos y salir, se le olvidó sacar de la cartera una tetera que tenía planeado comprar y que se le olvidó (pues tenía la horrible costumbre de, por ahorrar llevar carro, guardar ella misma lo que compraba), entonces suena el pitido y el guardia le cierra el paso y le dice que la acompañe, y saca de la cartera la tetera (mientras toda la gente alrededor se queda mirando). Yo iba más adelante de ella y cuando sucede eso me doy vuelta sin entender un carajo, pero al ver que se la llevan, sin saber qué hacer, lo único que se me ocurre es seguirlos porque si no me quedaría solo (y bueno, también me gustaría pensar que era porque sería “lo correcto”); y entonces la llevaron a una sala donde la hicieron pasar por rayos y yo que iba detrás siguiéndoles, entonces me toman y también me pasan por ahí y luego me dejan afuera en la bodega y me dicen que espere.
Estuve ahí apartado, solo y llorando un buen rato sin saber bien que pasó y pensando que si realmente robó o qué, lo que era doloroso de creer. Entonces llega un tipo que, no era de los guardias, debía ser un gerente o jefe del lugar y me empieza a preguntar muy molesto que de dónde somos y yo respondo su pregunta y luego me atrevo a preguntarle qué estaba sucediendo. Entonces más agresivo aun, me dice que no me haga el “#%”” si me vio por las cámaras de seguridad. Pero eso era mentira porque yo no estaba con mi abuela cuando guardó eso en la cartera, ya que me aburría tanto en esos lugares que me ponía siempre a correr por los pasillos, hasta que me llamaban para irnos (una de las costumbres más nefastas de los adultos es esa de llevar a los niños a los Mall).
Evidentemente, hoy en día me da igual que le roben a una cadena de tiendas grandes como ésas, pero bajo mi perspectiva de ese entonces, era terrible (y bueno, también por el hecho de que no se justificaría porque no tenemos la necesidad de llegar hasta a ese punto).
Fotografía: Camilo Cuevas.

En fin, si eso no fue abuso y maltrato psicológico en contra de un niño de menos de 12 o 11 años, no sé qué seria. Incluso si efectivamente el adulto hizo eso, no se justifica desquitarse con un niño en ningún caso. Nunca antes me había sentido tan vulnerable e indefenso. Hasta el día de hoy siento mucho odio en contra de aquél por el daño que me dejó y mentiría si dijera que no me habría gustado vengarme de alguna forma en su contra (lo cual no implica sangre desde luego, pero bueno, es imposible porque nunca más lo vi). De todas formas, hoy en día estoy consciente, que con la violencia se crea un circulo en donde hay una respuesta tras otra de vuelta y sucesivamente y además, como decía Robert Mitchum en “El Cabo del medio”: “La muerte es muy fácil y no vale la pena”. De todas formas, igual creo que me justifico mucho, si tengo en cuenta que hay gente que piensa acciones peores porque les roban el celular, mientras que definitivamente lo mío sí que fue peor. En fin, luego de estar unas dos horas ahí solo en ese lugar, viene otro tipo más bien preocupado y me dice que están con carabineros pero que ya se solucionó todo porque comprobaron que efectivamente no hubo intento de robo alguno, si no que un terrible descuido. Además resultaba obvio, porque uno sabe que sonaría una alarma saliendo con algo así como estaba con etiqueta y todo.
Luego de eso el dolor de mi corazón tardó mese en irse, para peor, mi abuela me dijo que por favor no le contara a nadie porque si no nunca más le dejarían andar conmigo, así que le dije que me lo guardaría. Pese a que estaba tan y probablemente más destrozado que ella, me hizo guardármelo, no a la fuerza, sino como favor, y yo viendo lo mal que estaba, le dije que sí. Tristemente los siguientes días ella andaba de ánimo muerto, pero yo también, un estado de angustia realmente insoportable, y siento que, una vez más (desde hace como 3 años cuando conté que mis papás estaban con problemas), me tocó a la fuerza tomar el papel de adulto e intentar consolarla. Papel que obviamente no me correspondía. Además eso se suma que desde el año anterior ya venía con problemas emocionales por lo que estaba muy débil. Por supuesto, hasta hoy me pregunto que hubiera cambiado si le hubiese contado eso a mis papás, pues creo que necesitaba ayuda para superarlo, pero tal como dije, me lo guardé.
Debido a que ya no hablo con mi abuela y por tanto no quería dejarlo guardado, ni pensar en llegar a la tumba con eso adentro, siendo precisamente algo que me impactó en lo más profundo, y que por tanto, debía escribirlo aquí como parte de mi vida. En fin, parecía que esas heridas emocionales nunca se cerrarían, pero como dice el dicho: “El tiempo lo cura todo”, y a los dos meses ya estaba más en paz (lo que parecía imposible cuando recién pasó. Creo que fui bastante fuerte como para no dejar que me afectara).
Fotografía: Camilo Cuevas.

Así que empezaría sexto año en la escuela, con la diferencia en que ahora yo sabría mi condición de “Asperger” y también el mismo establecimiento sabría que recibían a alguien “así”. Todo partió bien, y fui el mejor alumno mientras estuve ahí. Buenas notas, rendimiento y conducta. Mi profesora jefe me encantaba, era muy buena, siempre se encargaba de mantener comunicación personal conmigo. Así cuando a veces regañaba al curso, luego me aclaraba que ese reto no era contra mí, pero al estar en la sala se dirige a la mayoría. En general estaba solo. Tampoco es que me muriera por estar junto a otros porque me parecían o muy estúpidos o infantiles o unos matones (aunque nada comparable a los del colegio de monjas… ni de lejos!). Curiosamente por primera vez me gané el respeto, tanto de los “débiles” como de los “problemáticos”, fui el único compañero que no era cercano a ningún grupo pero a la vez no tenía problemas con ninguno, ambos me trataban bien y me veían de confianza, sin ser amigos como digo. Creo que eso era porque proyectaba madurez y seriedad, lo cual nunca más olvide y siempre intenté mantener.
Pero lamentablemente siempre hay una oveja negra que pareciera que te quiere echar todo a perder y habían dos profesores que parecían, una vez más en mi vida, “agarrarla” contra mí. Una era demasiado dura y yo no tuve aguante contra ella. Pienso que eso podía ser porque, hace un año, las cosas andaban mal para mí y aún estaba “débil espiritualmente”. Recuerdo que en una ocasión nos regañó porque nadie veía “Las Noticias” y yo durante el intermedio me acerqué respetuosamente a decirle que no me parecía que nos obligara a ver “Las Noticias” porque yo no estaba de ánimos para recibir toda la carga negativa de éstas porque son puro morbo, y se molestó mucho. En fin, ya éramos enemigos.
También estaba el profesor de Gimnasia, clase a la cual estaba eximido permanentemente por orden de mis médicos ya que consideraban que debía ir de a poco y esas clases no eran imprescindibles. Eso se supone que él debería haberlo sabido pero nunca se le informó y entonces me persiguió durante un tiempo exigiéndome explicaciones de por qué no estaba en su clase y retándome. Luego yo me acerqué a la dirección de la escuela a preguntar qué sucedió que el profesor me “perseguía” con mala cara. Entonces se hicieron los “lesos” y me dijeron que todo estaría bien. Lo que sucedió fue que simplemente no habían hablado con aquel profesor en particular y por tanto éste no tenía idea de que estaba eximido, lo que inmediatamente me hizo perder confianza en ese colegio porque con ello, provocaron un mal rato y se suponía que ya todos sabían.
Fotografía: Camilo Cuevas.

Sin embargo, no guardo rencor contra aquel profesor porque luego de ese episodio, era muy amable conmigo y quedamos entre todos con la siguiente solución: En vez de hacer las clases de gimnasia, en ese mismo horario yo estaría en la biblioteca de la escuela haciendo un artículo escrito acerca de algún deporte y aunque era aburridísimo, me parecía una opción válida. Así, después cuando esta clase terminaba, me acercaba al profesor a mostrarle mi investigación, quien me recibía amablemente.
En fin, esta era una nueva característica en mi personalidad durante esta etapa y nuevo comienzo escolar: Mantenía un diálogo con los profesores. Sin embargo, debido a la situación con la otra profesora, mejor me sacaron del colegio porque se estimó que no era conveniente tenerme de esa forma. En ese punto, se buscó mayor ayuda profesional y me terminaron inscribiendo en un taller para chicos “Asperger” que se realizaba los días sábados, en donde se juntaban a hablar con una terapeuta sobre el “diario vivir”. Eso proporcionó un mayor diálogo con los establecimientos educacionales, pues se sabe que van a escuchar más a los profesionales que a los propios padres.
Por mi parte, me permitió comparar mi experiencia con la de otros y conocerme más a mí mismo. También el ver que todos tienen sus problemas, y que por lo mismo es difícil escribir mi historia sin dejar de hacer hincapié en ello, porque no busco desestimar los problemas de los demás al relatar mi historia (y que desde luego tampoco busco parecer el ser más infeliz porque simplemente, no huyo de la “guerra, ni amaneceré muerto por ella en la playa”, por decir lo peor). Yo también detesto cuando otros me han bombardeado con sus conflictos, diciéndome en mi interior: “No conoces los míos”. Leyendo este mismo blog de Pao Arqueros, creo que hay gente que ha pasado por cosas más difíciles que yo.
Como me salí a mitad de año, en sexto básico; una vez más entré al colegio (me dejaron ingresar a mitad de año) en que entré en segundo año básico, ya que no me atrevía a empezar nuevamente en un lugar del que no conociera nada, y pues como esta vez podría ser distinto porque sabrían mucho mas de mí y mi condición. Y ciertamente eso nos dijeron, que habían notado que yo había cambiado mucho, con el pasar de los años en mi anterior estadía en el colegio, desde que entré y me salí repentinamente, pero que estaban abiertos para recibirme con lo que conocen de mí ahora. Una vez entré al nuevo curso (que me recibió muy bien, lo que no esperaba teniendo en cuenta que pensaba que no me guardarían respeto al saber que antes ya estuve, y bueno, era un curso agradable) de a poco iría viendo en qué estaban. Con el paso de los días, ciertamente la mayoría de los profesores se pusieron de acuerdo conmigo en que me harían unos exámenes “alternativos” y que querían ayudarme para que me pusiera al día.
Fotografía: Camilo Cuevas.

El último profesor que le preguntamos, fue muy cerrado en sus maneras, haciéndonos sentir (con mi madre, apoderada) que le estábamos pidiendo un favor y básicamente dijo que buscáramos otro colegio, porque él tenía su forma de evaluar. En fin, una basura de profesor, al menos en lo que respecta a su calidad como persona (simplemente pienso en como actuaría yo si fuera él y me tuviera a mí mismo en frente). Y también una vez me llevé la decepción de que se comprometieran con nosotros, pero aun así, había un profesor que no recibió órdenes. Así que no valía la pena quedarse y mi mamá me dijo que prefería que una vez más me suspendiera el año escolar y que tendría las esperanzas puestas en otro colegio que nos recomendó un apoderado del taller al que yo asistía los sábados. Además había dejado de asistir a las sesiones de la terapeuta porque exigía que tomara medicamentos y mis papás ya no estaban de acuerdo porque veían que era un arma de doble filo, pues mientras me “dormía ante la adversidad”, también me hacían comer muchísimo.
Así que ya en el año 2003 entré nuevamente a Sexto Básico en ese otro colegio (además de cambiarme una vez mas de casa, para ese entonces ya había perdido la cuenta, pero esta vez fue en Ñuñoa). Detestaba el hecho de asistir en la tarde, porque sentía que no podía hacer nada durante el día. Como siempre, todo el personal fue muy amable, pero ya el segundo día tocaba Educación Física y se habló de que aquella clase yo no la hacía, pero la profesora se lo tomó a mal y desde entonces siempre intentaba hacerme sentir como que era inútil. Así cuando me cruzaba con ella claramente me miraba feo, o por ejemplo, en una clase tuvo que “cuidar” al curso mientras hacia una tarea en la sala, y a cada rato se acercaba a mí preguntando a los demás de sí estaba trabajando o no estaba haciendo nada (lo que era lo primero por supuesto, porque yo precisamente no fui nunca un alumno desordenado y que iba a jugar a clases).
Odiaba asistir a clases, sentía casi como una especie de pánico ante el hecho de entrar a la sala de clases, en este punto ya no sabía porque específicamente, solo que me hacía sentir muy mal emocionalmente. El profesor jefe de mi clase tenía un lado cariñoso pero también me resultaba mal el que siempre estuviera como persiguiéndome, recomendándome que no faltara, que participara, y yo no sabía que responder. En cuanto al curso, yo siempre estaba solo y prefería que fuera así nada más, creo que simplemente para ese entonces ya los odiaba a todos sin un motivo personal en contra de ellos.
Fotografía: Camilo Cuevas.

Creo que los odiaba a todos porque veía que no parecían tener los mismos conflictos que yo tenía, sobre todo el hecho de que no podía estar en paz no solo en el colegio, sino que también en la casa (por los conflictos que nombré antes), aunque habían un grupo de alumnos que se ponía a hablar mal de mí porque decían que faltaba de flojo y que me daban privilegios. Ante eso, siempre pensaba: “El día que encuentre mi lugar, ya pondremos poner a prueba eso…”.
Durante ese año además recuerdo que empecé a coleccionar películas de artes marciales orientales que me compraban en el persa Bío Bío, lugar que adoro por los recuerdos que me trae (cuantas tardes junto a mis papás o mi abuelo de paseo ahí). Me encanta Bruce Lee y sobre todo el Jackie Chan antes de Hollywood, creo que esa fue la razón por la que me atreví a meterme a practicar Arte Marciales (Tang Soo Do), además claro de que mi abuelo lo deseaba. Nunca antes había hecho algo así pero asistía muchísimo, todas las horas posibles, era uno de los más activos y también de los que estaba avanzando más rápido, incluso participé en un torneo. Lo disfrutaba mucho y también estaba adelgazando muchísimo todo lo que había engordado durante los últimos 5 o 6 años.
Creo que mi familia estaba sorprendida y orgullosa de que me atreviera a hacer esta práctica, por lo que le empezaban a dar poca importancia ante el hecho de que yo no asistiera a clases, pues una vez más perdí la oportunidad de encontrar un lugar estable, pero encontré otra actividad. De hecho mi mamá perdió las esperanzas con seguir buscando colegios y dijo lo que realmente siempre se debió haber hecho: Entrar a un instituto, ya que el problema de los colegios en que están en todo momento persiguiéndote para “formarte como persona” y eso terminaba siempre en contra mía, mientras que en un instituto iría realmente a que me hicieran clases, así que para el año 2004 no asistiría, pues debía esperar por edad al 2005 para entrar a un instituto.
Y si, una vez más, me cambié de casa, esta vez volví a Santiago a vivir donde antes, al lado de la casa de mis abuelos. Lamentablemente para mediados de ese año no quise seguir yendo a practicar Artes Marciales porque, al parecer, debido precisamente a mi rápido ritmo y constante práctica (iba en las tardes, luego en las mañanas, según cada día), el “maestro” se entusiasmó conmigo y se puso muy exigente, razón por la que mis padres le contaron acerca de mi situación como “Asperger” para que nada se saliera de control, pero él nunca lo consideró realmente, era de los que creía que el Asperger era de ésas “patrañas modernas” y que solo era para sobreprotegerme (lo que no era nada nuevo para mí de escuchar a estas alturas).
Naranjo. Fotografía: Camilo Cuevas.

Aguanté durante un tiempo, pero me aburrí, además que por horario ahora me tocaba con compañeros más mayores que se burlaban de mí a mis espaldas, pues eran los típicos hombres que creen que son más masculinos mientras más vulgares e imbéciles sean, machistas de los más rancios. De todas formas seguía haciendo ejercicios en casa y también intenté con gimnasios (ya que no quería perder la “disciplina física”) pero nunca me gustó. Además el primer gimnasio en el que me inscribieron, me hice amigo (al menos para mí fue así) del instructor, ya que fue muy cercano en su trato hacia a mi como alumno, pero había otro instructor, un viejo que se creía una especie de “milico”, que eso al parecer le parecía mal y consiguió que el instructor mío se marchara (lo sé porque hablaba en contra de él delante mío) y por tanto ahora estaría a cargo de éste. Si bien él decía que yo era una persona inteligente, era muy brusco y me hacía sentir que yo no me esforzaba, así que no continúe con ello porque consideré que no valía la pena “aprender” de ese sujeto.
Durante ese año también comenzó mi “romance obsesivo” con el cine, estaba loco comprando cada rareza de cine oriental (con películas que conocí mucho antes de que se hicieran populares, cuando las presentaban por televisión). También debido al cambio físico por la práctica de Artes Marciales que había tenido, me sentía distinto y comencé a dejarme crecer el pelo. A finales de año también adoptamos a un hermoso gato dorado que estaba en la calle. Lo tengo que decir porque sencillamente daría mi vida por él, Naranjo. Como decía Alan Ladd en la película Noir, “El Cuervo” cuando le preguntaban por qué le gustaban los gatos: “Porque son libres y no necesitan a nadie”. Y este gato no se despega de mí y eso me gusta porque sé que de verdad me quiere y eso me honra porque se sabe que los gatos solo están con quienes de verdad les gustan.
En el 2005, finalmente, entré al instituto que comenté antes, para terminar de una vez la básica. Y considero que me fue bien, por lo que puedo decir que finalmente dimos con un resultado después de tantos años. Considero que además finalmente tuve un año en que puedo decir con seguridad en que fui feliz; sobre todo porque mi “romance” con el cine crecía y compartí tanto con mi padres viendo películas, que han pasado a estar entre mis preferidas hasta hoy, especialmente del director Elia Kazan, pues solo de pensar cuando vi por primera vez “Al Este del Edén”, pero también “Los cuatrocientos Golpes” de Truffaut, me emociono y podrían caerme lágrimas. No obstante, en el fondo y en principio, creo que mi interés era porque quería ser “experto en algo” y tener “mis temas de conversación” para ser valorado por los demás (y ahora con internet tenía mucho para investigar y aprender).
Fotografía: Camilo Cuevas.

Al igual que, como expliqué antes, con el fútbol en tercero básico (entre otras cosas), mi interés no era tanto por eso en sí, si no que deseaba ser valorado y aportar; sin embargo, a diferencia del fútbol, al final sí me enamoré realmente del cine, ya que ver muchas de esas películas que nombré, siento que me sirvieron para alimentar mi alma y corazón, dejándome siempre más que satisfecho y siempre con ganas de más (y esa era la razón por la que elegía películas de los mismo directores que me iban gustando). Me identifico mucho con esta frase de Truffaut: "Siempre he preferido el reflejo de la vida a la vida misma. Si he elegido los libros y el cine desde la edad de once o doce años, está claro que es porque prefiero ver la vida a través de los libros y del cine." - Francois Truffaut.
Seguía estando solo por lo demás, en cuanto a que no tenía amistades del instituto ni nada, y tampoco me moría por ellas, porque simplemente tampoco nadie parecía interesarse por mí. Simplemente no teníamos nada que compartir, obviamente no solo no conocían mis gustos cinematográficos, sino que además dudo que se interesaran por ellos. Tampoco tuve problemas con nadie, sentía que una vez más, sin ser cercano a nadie, todos me respetaban. Y eso teniendo en cuenta que tenía un compañero que era un auténtico “punga”, pero no me llevé mal con él, y al parecer le caía bien, pese a nuestra enorme diferencia. Incluso dijo que un día me iba a traer un comic de regalo, ya que en los recreos yo llevaba mis comics para leer por mientras (ante lo que le agradecí pero le dije que no se preocupara, porque ya me imaginaba que métodos ocuparía para conseguirlo…y no es broma).
Terminé el año con un buen rendimiento académico, demostrando así que todos los que alguna vez me trataron y me hicieron sentir como un flojo o privilegiado, fueron unos cretinos. En el 2006 entré finalmente a la Enseñanza Media, haciendo dos años en uno (o sea, primero y segundo medio) y aunque me encontré con conflictos igualmente, pero en menor medida, nunca me afectaron. Me tocó un curso de clase mucho más numeroso que en el año anterior, debido a que era Enseñanza Media, pero me las arreglaba sentándome en primera fila, mientras que los demás, por el contrario, intentaban estar lo más detrás para “hacer de las suyas”. También rara vez hablaba con alguien y solo en tono formal, pero creo que se me respetaba, aun habiendo algunos matones por ahí.
En el fondo tengo que reconocer que quizás me habría gustado saber de los demás y que los demás supieran de mí, pero era muy orgulloso como para yo acercarme, y además me decía a mí mismo que “si yo les intereso, pues que ellos se acerquen a mí y si no, será porque no les intereso”. También nuevamente me encontré con una profesora de esas que “la agarran contra ti” (¿Es que todos los establecimientos tienen un profesor molesto? Me decía) debido a lo típico que consideraba que yo solo era “mimado” y que por lo mismo se ensañaba precisamente conmigo, pero bastó con que me dejaran eximirme de su clase.
Rocco. Fotografía: Camilo Cuevas.

De todas formas tenia permisos, debido a que había comenzado a asistir a secciones de fonoaudiología, por lo que a veces debía “sacrificar una clase” (con permiso de mi profesor jefe, por supuesto). El fonoaudiólogo a quien iba a ver, en principio era muy frio y serio, pero cuando de casualidad le conté que me gustaba ver películas, y ¡QUE PELÍCULAS! Siento que lo conmoví, y que hubo identificación mutua porque nos gustaban las mismas películas y directores, así que yo también estaba más abierto por mi parte para trabajar con él y cooperar. Ante todo considero, que lo que más me sirvió yendo a estas sesiones, fue el tener alguien con quien platicar sobre cada película que veía la última vez. Se pasaba bien así y estoy seguro que de alguna forma me ayudó en mi persona.
En la navidad de ese año recogimos de la calle a un segundo gato dorado, el cual, al igual que el otro, se ha convertido en mi “protegido” y creo que solo confía en mí. En el 2007 finalmente fue mi último año para salir del ciclo escolar. Hacia finales de éste me di cuenta que nadie me hablaba ni nada y me hacía preguntarme, si con la actitud que llevé en esos tres años de “si les intereso, se acercarán” ¿no habría creado una especie de barrera frente a los demás o qué?
En el fondo debo reconocer que no era amistoso y me gustaba que me vieran como alguien completamente solitario y del que nadie sabía nada, pero también era lo suficientemente orgulloso y me afectaba ver cómo era ignorado. Mi rendimiento de notas fue simplemente aceptable en conjunto, pues creo que estaba cansado y cada vez me entusiasmaba menos el colegio (lo que ya es decir…), así me bastaba con no repetir y salir de una vez. Prefería “alimentar el alma” viendo películas que estudiando cosas que con el tiempo se olvidan, así que…
Las Matemáticas siempre me han costado, pues mi mente es muy poco científica, pero la directora se ofreció a hacerme clases particulares en el mismo instituto y eso me llevó a comprobar, lo que con el tiempo empecé a darme cuenta: En la sala de clases hay demasiados factores y códigos que hacen que la información no logre procesarla, mientras que en las clases personales lograba entender bien y luego me iba bien en los exámenes. Y así finalmente terminé la etapa escolar en un instituto, por fin. Como dije, durante ese año estuve más preocupado de ver películas que nada y me parece necesario decir que vi las que son mis dos preferidas hasta hoy: Más corazón que odio” (western del director John Ford, el mejor de todos los tiempos) y “En un Lugar Solitario” (noir del director Nicholas Ray).
Fotografía: Camilo Cuevas.

De la primera me impactó por la historia de su protagonista, personaje errante y que se encuentra condenado a estar “fuera de la comunidad” y que su lucha por conseguir la venganza, si es sino en el fondo, una lucha contra sus demonios internos, descargando su rabia y odio contra los que le rodean. De la segunda también me gusta por la historia (¿Qué película se sostiene si no cuenta con una historia y un personaje interesante?) de su protagonista, personaje que está “harto de todo” (de su vida y de quienes le rodean) y que encuentra la “vida” cuando logra salir de la soledad espiritual en la que está, pero que finalmente la pierde porque desconoce cómo “cuidarla”; encuentra “algo” que le da sentido pero no sabe cuidarlo porque en el fondo tampoco sabe cómo cuidarse a sí mismo. Me gusta mucho una frase del director de esta película: "Creo que un tema constante es la soledad humana, pero no creo que sea un hombre contra la sociedad que intenta destruirle. Eso sería autocompadecerse y sólo nos conduciría a la locura. Podemos rozar el límite de la locura, pero es responsabilidad nuestra hallar en nosotros mismos la fuerza para adaptarnos al mundo que nos rodea. Un hombre puede sentir que está contra la sociedad o que la sociedad está contra él. No encuentro interesante a este tipo de hombre, aunque lo comprenda porque alguna vez cualquiera se ha sentido así, pero la búsqueda debe orientarse a encontrar una posibilidad de adaptación a una forma de vida constructiva y superar la propia auto indulgencia… Y sobre todo, no autocompadecerse”.
Me siento en deuda con ese instituto (creo que debería visitarlos como agradecimiento pero soy tímido para ese caso, la verdad…), pues parecía que en el colegio nunca hubiera podido terminar bien. Al fin y al cabo, en resumen, solo recuerdo como años que no fueron una tortura, el de primero (1996), segundo (1997) y luego séptimo-octavo básico (2005), primero-segundo medio (2006) y finalmente el de tercero-cuarto medio (2007).
También siento que le gané al sistema escolar, luego de tanta humillación, y le demostré que es un error que busquen obligar a todos a meterse al sistema general de colegios, quizás muchas cosas habrían sido distintas si hubiera podido ir al instituto desde un principio (o quizás no… ya nunca lo sabré), aunque por edad claro, no podría (pero por algo es una suposición).
Creo que en conclusión, con respecto a mi etapa escolar, es que pareciera que el 95% de los profesores cree que siendo entre estrictos-agresivos van a conseguir “resultados”. Evidentemente, puede que ello funcione en muchos, pero creo que en mi caso siempre que estaba debajo de “esos brazos” funcionaba peor, mientras que con profesores que sentía que me daban una oportunidad de funcionar siendo “yo”, podía lograr encontrar mi propia disciplina.
Fotografía: Camilo Cuevas.

Estar en el colegio fue siempre como estar en desventaja con respecto a los demás, y con ello precisamente me ponían todo más difícil sentía. Así cuando no podía lograr ciertas cosas bajo los parámetros “normales”, me hacían sentir que era simplemente de flojo y malo. Y es que los demás piensan que solo uno puede estar en desventaja cuando lo ven “físicamente” (como que te falte una pierna), y como muchos, yo físicamente creo que no me veo “distinto”.
Para el siguiente año (2008) me tomaría todo con calma, por supuesto vería muchas películas y buscaría toda la información sobre ellas y todo ese mundo (directores, actores, críticas) para leer. Por supuesto, también seguí trabajando con mi fonoaudiólogo. Y realicé unos cursos de computación para ver que tanto me interesaba esto, en donde conocí a un gran profesor que recuerdo con gran estima y respeto.
También otra de las películas que más me ha marcado: “El hombre de Alcatraz” (con mi actor favorito, Burt Lancaster). Porque cuenta la historia de un preso condenado a perpetua por matar en defensa propia, inadaptado y despiadado, la prisión funciona también como una muestra de su propio estado emocional, pero que una vez se le enseña y se le da una oportunidad (antes solo se ponía cada vez más violento), cambia su actitud y muestra que poseía mucho, escondido en su alma, con lo que aportar al mundo y encontrando su lugar en éste. Debo reconocer que en parte, siento una cierta conexión en la relación de este personaje con los demás y el trato que recibió de parte de sus “tutores” (los carcelarios), conmigo y la relación que he tenido con la “autoridad”.
Para el siguiente año (2009) dejaría de ir a fonoaudiología ya que había decidido estudiar Bibliotecología. Lamentablemente (otra cosa que nunca sabré) a una semana de entrar, llaman para decir que se cancelaba el curso por baja inscripción. Por el resto del año seguí haciendo cursos de computación, y a mediados de éste ocurrió un cambio grande cuando mi papá decidió que quería tener su propio salón de peluquería, pues él solo, daba la mayoría de los beneficios en el que trabajaba, así que salía perdiendo. Así que tuvo que realizar un gran esfuerzo que a futuro podría dar mayores frutos, y mi papel ahí fue el de trabajar en un puesto tan delicado, como era el de manejar la caja, una vez estuviera funcionando todo.
Evidentemente, el objetivo principal mío era ayudar, sobre todo por lo difícil que es cuando recién el negocio se terminó de construir y hay que empezar a hacerlo andar, pero me querían dar igual algo de paga que me irían acumulando ellos. No fue fácil para mí manejar la caja, pues hay muchos factores a tener en cuenta al mismo tiempo, es caótico.
Fotografía: Camilo Cuevas.

Entre contestar llamados, agendar horas, recibir clientes, hacer boletas, pasar tarjetas; requiere todo una organización rápida, desde luego. También seguridad en uno mismo, pues más de una vez llegaba gente diciendo que tomó una hora que no estaba agendada o que estaba tomada en otro horario, y aunque yo lo hubiera escrito todo bien, inmediatamente pensaba que había cometido yo el error. También me encargaba de ir al banco. A veces me equivoqué y tomé horas mal e incluso cobre mal los servicios (cobrando más barato, claro) pero al menos estaba la seguridad de que obviamente la caja estaba segura conmigo o al menos eso me dijeron.
En ese entonces también acompañé a mi papá a conciertos de música, pues era la época en que comenzaron a traer seguidamente bandas. Y me metí en este mundo, investigando mucho para encontrar lo que era “realmente mío”, pues no puedo escuchar cosas con las que no siento un mínimo grado de identificación. Antes no tenía interés alguno, solo me interesa buscar bandas sonoras originales de Películas. Me interesa sobre todo porque, obviamente debido al trabajo, había comenzado a salir mucho de casa y siempre prefería caminar para llegar a mis destinos (como dije, detesto el transporte público y prefiero evitarlo) pero con música sería mucho más entretenido e interesante. Y además ahora sabría cuando la gente hablara sobre música.
Con el dinero del trabajo, empecé a comprar discos y libros (tanto de literatura como general) haciendo así, de a poco, una muy respetable biblioteca y colección. Sentía además que me estaba educando y formando a mí mismo (no como en el colegio), solo con leer y saber de los temas que me interesaban del cine y de la literatura de género negro, pues me ayudaban a descifrar y dar forma a mi forma de ver el mundo a través de ellos. Y para mi leer y ver películas no es solo un pasatiempo, sino que un compromiso y una disciplina que debo cultivar.
También durante estos años acompañaba a mi abuela cada sábado viendo la lucha libre. No era algo que me “matara”, pero a esas alturas era como un compromiso el acompañarla. También con el dinero que estaba recibiendo, me quise comprar las últimas figuras de Los Caballeros del Zodiaco. Esto lo cuento porque creo que siempre una parte de mi ha querido volver a ser niño, y en eso me parezco mucho a mi abuela que también suele coleccionar cosas de cuando era niña.
Igual, durante estos años (2009-2012) me sentía como una persona apartada, mentalmente me refiero y que no entendía ni se identificaba con lo que veía. Las “redes sociales” comenzaban a consolidarse, eso en conjunto a la televisión y la influencia de los “medios”, y además el que recientemente hubo elecciones, me hacía sentir “apartado” pero ya directamente en forma espiritual, al ver la opinión pública sobre diversos temas. 
Fotografía: Camilo Cuevas.

Consideraba que leer las opiniones de la gente por internet era destruir mi salud mental. No me podía identificar con nadie y hasta me resultaba insoportable el respirar el mismo aire que los demás. Ciertamente, era una exageración por mi parte viéndolo ahora, ya que estaba generalizando. Igual creo que había “absorbido” mucha negatividad y era también bastante odioso (aunque en comparación a tanta gente, ni tanto). Creo que ello me produjo mucho vacío en mi diario vivir, pero el cual podía en parte remediar con los libros que estaba adquiriendo en la compra por internet (que me abrió muchas posibilidades), además, claro, como siempre con el cine.
Leí varios libros del autor de género Noir, Jim Thompson y me fascinaba porque había una visión tan corrosiva del mundo, con esos protagonistas asesinos seriales escondidos bajo el manto de “buenos ciudadanos” que no eran sino simplemente “los tuertos en el país de los ciegos”, con respecto a la misma sociedad. También debido a lo que caminaba de poco a poco y cada vez más, dije en un momento que por qué mejor no correr… Y así de a poco he hecho tiempos y distancias hasta llegar a las actuales.
Considero fundamental hacer ejercicio y “sudar un poco”, no solo por el estado físico, si no que por sobre todo para mantenerme saludable mentalmente. Por eso nunca me gustó el gimnasio, no siento la misma satisfacción que al aire libre, y el placer de ver las distancias que uno puede llegar a lograr. Actualmente lo máximo en forma general se podría decir que son 21 km en subida en 1 hora y 57 minutos (lo que equivale desde mi casa, que está a 5 minutos del persa Bío Bío, hasta la plaza San Enrique, sin parar en ningún momento). Además me encanta la sensación de retarme a mí mismo y ver cuánto aguante tengo, para así no sentirme débil frente a los demás. Incluso lo he hecho bajo condiciones muy desfavorables para mi rendimiento (hasta suicidas por lo que he leído) como correr dos horas sin haber dormido en toda la última noche y bajo el sol veraniego de las 13:00 horas en sectores altos.
Nunca me preparo como “runner”, salgo con la misma ropa que utilizo comúnmente y con los únicos zapatos que tengo. Pero me da igual porque no me gusta verme como “runner” ni ese tipo de ropa (y yo siempre me visto igual, este puede ser el rasgo más notorio físicamente como “Asperger”). Y creo que ha servido porque, después de todo, el día que me intentaron “cogotear” a punta de pistola, fui lo suficientemente rápido como para que no me pudieran alcanzar, lo que cuento con orgullo. Hoy en día me pregunto qué dirían todos estos profesores de gimnasia y demás que he tenido, sin considerarme que mis tiempos y distancias son gran cosa, creo que estoy entre ese porcentaje que no vive una forma sedentaria de vida y eso lo logré sin ayuda alguna de ellos, solo con mi propio ritmo de vida.
Fotografía: Camilo Cuevas.

Igual, por supuesto no quería estar eternamente trabajando en la peluquería, pues a los tres años mis papás ya estaban instalados bien en ella, por lo que mi ayuda no era imprescindible. Estuve de forma regular hasta el año 2012, y cuando ya la monotonía y el vacío en mi diario vivir era muy fuerte, con mi terapeuta comenzamos a buscar opciones para estudiar. Para mis padres lo más lógico era el cine, pero yo no me imaginaba queriendo “hacer películas”, mi amor por él era solo como espectador. De todas formas había que intentarlo y fuimos a averiguar una carrera (no recuerdo su nombre) relacionada con lo audiovisual.
Después de ir a ver unas clases y ver también que los profesores decían que me darían todo el apoyo pero al mismo tiempo que básicamente “aquí estabas solo”, casi como desafiándome, un profesor en particular nos dijo que no le parecía adecuada para mí porque se basaba mucho en trabajo grupal con señas y ordenes de reconocimiento facial, con lo que me quedaría atrás. Se valoró su sinceridad ya que no parecía andar con “cuentos” como los anteriores profesores, y quizá, tenía razón en su recomendación. Ciertamente yo no miro a los ojos porque, a diferencia de los demás, no me “dice” nada, entonces es solo como mirar un punto fijo y me resulta incómodo. Eso de la” sinceridad de una mirada” suena a “chino” para mí por muy bonito que suene. No obstante, con quien me agrade o valore he decidió hacerlo o intentar hacerlo (porque me distraigo y se me pasa) por amabilidad, porque igual sé que muchos pueden pensar que los estoy ignorando o despreciando. Evidentemente, el no mirar a los ojos me ha dado mucho problemas con las “autoridades”, quienes me han “invitado” a hacerlo sin preguntarme el porqué de esto nunca, y ganándose solo mi odio.
Una opción que se había ocurrido era la de estudiar fotografía, simplemente porque la veía como un hermano “menor” del cine y pensaba que por ello sería más fácil para mí, ya que no hice nada de cine. Además parecía muy adecuada para alguien solitario como yo, pensaba solo necesito una cámara y yo mismo. Ahora me arrepiento, desde luego de aquella visión y no veo a la fotografía como un hermano menor, sino, que simplemente un hermano tan interesante como el otro. Así que, averiguando, llegué a la escuela en que actualmente estoy. La elegí porque, antes había ido a un instituto técnico en el centro a averiguar de fotografía y no me gustó por ese ambiente como de oficina y porque me parecía caótico un lugar tan grande y lleno de gente apurada, y además no me gusta estar en un lugar como el centro, a su vez también tan caótico y gris.
Fotografía: Camilo Cuevas.

En cambio la escuela es pequeña, como una casa y queda en un sector verde y tranquilo y yo personalmente valoro mucho eso porque simplemente quiero vivir el día a día sanamente. Además me pareció genial ver que tenían un cuadro de la banda The Cure en la sala (una de las tantas bandas que bien sigue mi idea del contenido y estilo por sobre la “maestría musical”) y los profesores parecían cercanos, que podías hablar con ellos en cualquier momento y no tener que andar de oficina en oficina “pillándolos”. Así que ahí entré en el año 2013.
En principio no fue fácil porque, al parecer, el hecho de que hace mucho que no estaba en una sala de clases con más personas adentro, me había “ablandado” y mi concentración y atención era menor de lo usual y por tanto me perdía mucho contenido. Por ello sentía que me iba quedando atrás durante el primer mes, por más esfuerzo que le pusiera, y quedé de acuerdo con el profesor jefe que podía hacer el año como “alumno libre”, o sea, asistir cuando quisiera y entregar los trabajos que quisiera, sin presión ni compromiso. Lo hice pero al final siempre asistía ya que mi interés era real y también intentaba hacer los trabajos lo mejor posible que me saliera (aunque sin la presión como dije de pensar en la calificación”) y en fin, a mi propio ritmo. Pero con las semanas me di cuenta que estaba rindiendo mejor que más de la mitad de mi curso y que mis trabajos (o sea, fotografías) eran en muchos casos entre las mejores (según los profesores).
Así que con el tiempo se puede decir que tomé el ritmo de a poco y al final quedé como alumno regular y siendo de los con mayor asistencia y entregas de trabajos. Me gustaba en sí el hecho mismo de “hacer” (que no “tomar”) fotos y trabajé mucho con mi tía (la mayor) en casi todos los trabajos, lo que disfrutaba mucho y hacíamos un gran equipo. Así llegué a comienzos del siguiente año terminando el primer año de curso. En cuanto a mi curso, creo que por mi experiencia años antes en el colegio y el hecho de que hace mucho que no estaba con otra gente interactuando, no quería sentirme rechazado, por lo que siempre ofrecí mi ayuda a los demás e intenté no ser tan “frio” como lo fui en mis últimos años escolares, y que pese a no ser el más comunicativo, fui buen compañero. Durante las vacaciones, evidentemente, había varios trabajos que realizar y pruebas que dar luego del término de éstas.
Todo iba bien por mi parte, había ideas que poner en práctica para las tareas y ya estaba de acuerdo con mi tía como trabajaríamos, pero repentinamente nos llega la información de que el abuelo tiene un cáncer terminal y que le queda poco tiempo. Evidentemente fue un shock porque nadie estaba preparado para escuchar eso y nadie siquiera lo imaginaba en casa, pero había que tener valentía y pensar en cuidarlo y pasar los últimos momentos junto a él, poniendo cada uno lo mejor que tuviera para dar.
Fotografía: Camilo Cuevas.

Para mí fue inevitable pensar que “¿por qué siempre me llega un golpe tras otro en la vida?”. Desde luego, no digo que necesariamente sea cierto, pero así lo sentí. Así que, lógicamente, no tenía tiempo de pensar en nada de fotografía, la prioridad era otra. Era duro porque, todos sabíamos lo que iba a pasar y había que fingir en que estábamos “bien” para así no empeorar el ánimo del abuelo ni de nadie. El también hacia lo mismo con todos nosotros.
Creo que viví algunos de los momentos más intensos de mi vida ahí, sobre todo cuando él se negó a tomar sus medicamentos y dijo “que le dejaran en paz de una vez”, pues sabía que solo estábamos manteniéndolo con vida (lo que al parecer ya no quería, y me hacía pensar que por qué justo le pasa a una edad en que aún le queda todo un cuarto de vida, siendo él, alguien que disfrutaba de vivir y que disfruta de “las cosas simples de la vida” como el mero hecho de salir en moto. Todo lo contrario a mí, pienso) y no quería estar de ese modo como un vegetal, lo que era entendible, pero ante lo que no sabíamos que hacer los demás, era muy fuerte pensar en dejarlo así nada más.
Entonces cuando ocurrió aquello, los demás no pudieron soportarlo y tuvieron que salir de la habitación y yo, no sé cómo, simplemente me arme de valor (sentía que el corazón me iba a explotar), pero pude quedarme ahí y les dije a los demás que se fueran no más y logré que se tomara sus medicamentos, terminó haciéndome caso por alguna razón (pues se encontraba entre consiente e inconsciente). También era duro el ver y escuchar como cada noche se despertaba ahogándose. Sin embargo, en los momentos en que él estaba relativamente más estable, siempre intentaba conservar un ánimo positivo, hasta contando bromas.
En fin, fueron momentos difíciles, hasta que finalmente se fue a los dos meses como se esperaba, al parecer en paz y sin dolor, lo que era mucho decir para bien. Yo en particular siempre recordaré esos paseos que hacia junto a él al Persa Bio Bio o cuando me iba a buscar a alguna parte en moto. Así todo iba, bien pues es lo menos que se podía hacer en su memoria, se intentaba reconstruir todo en casa (espiritualmente) y había ánimo en que había que empezar de cero y bien.
Tristemente los problemas llegaron rápidamente cuando mis tías se enojaron con mi abuela por razones tan triviales como que ésta se estaba cambiando de habitación continuamente (ok, podía ser una actitud infantil pero estaba confundida). También se enojaron con mis padres por razones igualmente triviales y que no valían la pena a mi parecer. En este caso fue porque le compraron un auto a mi hermana ya que comenzaba a estudiar y debido a que mi tía (la menor) le andaba sacando en cara a mi hermana sobre que “no gastara bencina”, “¿que dónde iba?” “que le pidiera las llaves”…
Fotografía: Camilo Cuevas.

En fin, buscando controlarla, le compraron un auto propio para que no hubiera conflicto, pero eso, mi otra tía (la mayor) se lo tomo a mal, como dije, echando a perder toda convivencia en casa. Además, sé que a mi mamá en principio le dolió también, ya que esperaba que fuera todo lo contrario, que fuera visto como un logro y una forma de ayudar a mi hermana en la nueva etapa de su vida.
Yo me mantuve al margen, intentando llevarme bien con todos, no para “unirlos de nuevo” ni nada así, sino que simplemente para intentar que, dentro de todo, las cosas estuvieran lo mejor posible, ya que decía en mi interior que todos eran “victimas” y puede que les habrá llegado “más fuerte” que a mí, simplemente (aunque también sabiendo que eso no era justo ya que yo fui tan cercano a mi abuelo como ellas a él, habiendo convivido junto a él casi toda mi vida, tanto como con mi propio papá).
Tampoco se trataba de buscar “lo fácil” y quedar “bien con todos”, por el contrario lo fácil hubiera sido inmediatamente cortar vínculos y no lo que hice. Durante esos dos meses en que ellas no le hablaban ni miraban a mi abuela, compartíamos con ella para que no quedara sola pero era una “lata” porque siempre terminaba echándose a llorar y en fin, convirtiéndonos en su “basurero emocional”, y era como que echaban a perder todo el día. Por ello mi hermana, comprensiblemente, se cansó y no iba seguido a verla. Yo, si iba casi todos los días a verla para que les diera respiro a los demás.
También había realizado un "book" con mis mejores fotos para dárselo de regalo (quien sabe si lo habrá conservado…). También le llevaba mis trabajos, pues siempre tenían buenas calificaciones solo para alegrarla o darle tema de conversación. De igual forma también iba a ver a mis tías. Yo simplemente quería que todos estuvieran lo mejor posible y ofrecer mi presencia para ello.
Recuerdo por esos días, en que como estaba mi abuela urgida ya que como se sentía con las manos vacías donde el dinero era administrado por mis tías, quería dejarme un dinero que tenia de antes para mí en el banco “ya que sentía que no me dejaba nada”, y estuvo bastante “mañosa” en cuanto a que quería que fuera cuanto antes al banco a crear cuentas y todo eso que se hace de a varios días sin pensar en qué tanto, yo, como mi mamá tenemos horarios que cumplir (y por eso hubo días en que falté, en ese entonces a mediados de Junio y me dio mucha “lata” haber faltado solo por cumplir con el capricho de mi abuela, sin embargo, eso me lo guardaba para mí, a ella no le decía porque igual lo haría para salir de eso rápidamente).
Más encima al mes recién, quería que le retirara parte del dinero ya que decía necesitarlo y bueno, nuevamente partimos con mi mamá pese al tiempo y días que toma hacer todo ese trámite apestoso y lento.
Fotografía: Camilo Cuevas.

A mí me molestaba hacer cosas, ya que me daba igual que se me dejara dinero y todo eso (era algo más simbólico, el hecho de darme un regalo y está bien, lo aceptaba en buenas para que quedara tranquila, pero como dinero no era algo para “morirse”, no había necesidad de tanto apuro aunque si bien también, puede que creyera también que mis tías le quitarían ese dinero o algo así, no lo sé realmente), y sobre todo porque me interrumpía en mi rutina que es muy estructurada en tiempos y espacios (no sé si como todo “Asperger”, creo que sí), pero con mi abuelita no lo demostraba ya que en el fondo consideraba esto fue a causa de mis tías, ya que sentía que con su actitud influyeron en aquellas conductas de mi abuelita.
En fin, todas estas cosas yo bien sabía que son típicas (supongo que serán parte del guion de cualquier teleserie y cosas así) cuando pasan cosas como lo que le ocurrió a mi abuelito, quien estaba como a la “cabeza de la casa”, pero cuando recién pasó, me decía a mí mismo, con mucha orgullo y hasta con risa, que yo no me iba a preocupar porque sabía que nunca pasaría en mi familia, nadie esta tan mal de la cabeza para que justo cuando precisamente fallece alguien importante, se comporten de ese modo, son actitudes propias de otro tipo de familias, así que...
Pero no pude estar más equivocado, claro. Luego de dos meses, repentinamente mis tías volvieron a hablarle como si nunca hubiera pasado nada a mi abuela. Pero, al parecer el daño ya estaba hecho y a mediados de año, intento “suicidarse” con sobredosis de remedios. Entre comillas porque es algo típico de ella, no porque lo haga comúnmente pero al menos lo habrá hecho unas 3 veces como mínimo mientras yo he estado con vida (antes sé que hubo otras veces). Lo que pasa es que siempre ha tenido tendencia a la depresión, incluso estando en hospitales a veces debido a eso, como consecuencia de la infancia que tuvo (como dije antes).
Yo me pregunto si aquello habrá influido de alguna forma en que sea “Asperger”…en fin, ese es otro tema. Nuevamente fue un golpe para mí porque me prohibieron el ofrecer mi ayuda cuando ocurrió aquello, ya que me dijeron que mis tías debían hacerse cargo debido al daño que le hicieron al hacerle “la ley del hielo” durante dos meses. Yo quería ayudar, me sentía mal de no hacerlo, pero también encontraba que era cierto lo que me decían y por tanto hice caso. En esas dos semanas mis tías no me quisieron decir que pasó realmente cuando les pregunté por qué llevaba la abuela más de una semana fuera de casa, recibí respuestas muy ambiguas, pero yo sabía la verdad.
Yo ya estaba aburrido de todas aquellas “jugadas” (ya que solo nombro las que considero principales en mi actuar pero hubo más, relacionadas sobre todo con asuntos de dineros y patentes, ya que mis tías son las que manejaban ese asunto al recibir el dinero de mi abuelo), porque por mucho que las quisiera, me molestaba que no pudieran estar en buenos términos con los demás, creo que por mi abuelo y mi hermana deberían haberlo hecho, al menos.
Fotografía: Camilo Cuevas.

Entonces yo decidí en que no las iba a ignorar pero tampoco las iba a “buscar”. También me molestó mucho, recuerdo, cuando una tía vino a verme en la mañana y me dice que fuera a ver a mi abuelita (lo general es que iba cada día a saludarla y hasta entonces como máximo dejaba de verla día por medio) que había vuelto hace pocos días a casa, luego de su “última partida”, y aunque me lo dijo en forma amable, me dice que “lo haga por el abuelito”. Yo no quería ir hasta solucionar el asunto del dinero del banco que comentaba antes, ya que si la veía comenzaría a decirme sobre ello y no quedaría tranquila hasta obligarme a que “me hiciera prometerle que iría mañana como máximo” y yo no podía comprometerme, como dije antes, debido a que evidentemente también tengo mis horarios. Entonces, ahí pensé: “¿Ustedes no le hablaron ni miraron, aun en su propia casa, durante dos meses y medio y ahora me dices a mi porque no la veo hace día y medio que vaya a saludarla en nombre de mi abuelito, en un momento en que por lo demás anda muy ansiosa? ¿Es justo para mí?” Así que, si me encontraba con ellas, bien pero nada más. Para ese entonces ya había vuelto mi abuela a casa del hospital en forma definitiva, estando como normalmente y sorprendentemente estaba en muy buenos términos con mis tías, y por alguna razón siempre nos hablaban tan bien de ellas. Pero durante el tiempo en que estuvo hospitalizada fuera de casa, mi mamá estuvo cerrando con muebles y cortinas las uniones entre mi casa (que es justo la del medio de las tres, lo que en cierta forma es bastante simbólico teniendo en cuenta mi situación ante todo esto) ya que era incómodo para todos si ahora cada uno estaba por su lado de todas formas, para así demostrar independencia entre cada casa.
Cuando volvió mi abuelita y vio eso, empezaba a dar comentarios donde vagamente se lamentaba por eso, parecía insinuar que mi mamá había hecho aquello “por las puras”. Mi mamá estaba igual un poco molesta con ella porque hablaba mal de mi hermana porque no la iba a ver en forma seguida, mientras que mis tías sí que la trataron mal y nunca habló mal de ellas. De todas formas mi mamá no le había hecho ni dicho nada, aparte de defender a mi hermana.
Ya hacia finales de año, justo un día antes de mi cumpleaños, mi abuela va donde mi mamá y le dice que saque el auto porque tiene a alguien pintando las rejas del jardín de la calle.
Fotografía: Camilo Cuevas.

El caso es que esta persona claramente se notaba físicamente que tenía problemas de alcohol, y era alguien que pasó pidiendo limosna y mi abuela le dio ese trabajo pero no lo hacía muy bien; entonces mi mamá le dice que no puede ir inmediatamente pero que por favor lo haga esperar porque puede terminar manchando el auto con pintura. Entonces mi abuela explota y le dice cualquier cantidad de estupideces, cada cual más hiriente a mi mamá.
Probablemente venia de antemano con ganas de “agarrarla” contra mi mamá, esperando para ello la más mínima excusa. En fin, luego hablé con mi mamá y me dijo que iba a cerrar las casas por dentro (pero ya en forma permanente), pues que ellos se quedaran en su casa y nosotros en la nuestra. A mí me pareció bien y le dije que también ya no las iría ver a ninguna de las tres, porque me pareció desgarrador el “show” que le hizo sin ningún motivo comprensible (mientras que a mis tías nunca las trató así cuando la ignoraron por dos meses), esto ya había superado cualquier límite, incluso los míos. Además me resultaba lógico por el hecho, de que si no nos veíamos, nadie se pelearía y por tanto estaríamos mejor.
Entonces al día siguiente, justo el de mi cumpleaños viene mi abuela a verme y me dice que pase a verla antes de irme a clases ya que me quiere entregar “algo”. Entonces rápidamente le escribí una carta y le dije que básicamente nos dejaran en paz y que me arruinó el cumpleaños con su último escándalo. Desde entonces ya no las veo a ninguno, lo cual es un cambio brusco para mí que he vivido tanto con ellas, tanto física como emocionalmente.
Estoy seguro que a mí me resulta más doloroso que a ningún otro de a aquí, de hecho precisamente, no exagero al decir que no hay día en no sienta con tanta claridad esa angustia en el corazón, pero, sin embargo ellas provocaron esta situación y considero que sería injusto para mi mamá el que me siguiera relacionando con ellas luego de todo lo que sucedió a lo largo del año.
Por una parte siento remordimientos de tener que haber tomado esa decisión (porque lo más probable es que sea permanente, a menos que suceda “algo”, que por lo demás parece imposible) y por otra una mezcla entre pena debido a ello (pienso lo solas que deben estar y se deben sentir, tanto como yo) pero también de rabia porque me vi obligado a causa de ellas de hacer esto.
Pienso que, por último, si yo fuera ella y por algún motivo (el cual no existía realmente en este caso), me podría haber enojado pero no habría llegado hasta el punto de la agresividad verbal, solo pensando en mí y mi hermana, ya que también les afectaría de forma indirecta, pero aun así no dudó en hacerlo ¿Por qué debo soportar que por parte de ellos siempre provoquen conflictos y luego tener que ir con buena cara a saludarlos sabiendo lo que hicieron? ¿Por qué debería seguir aguantando el recibirlos con buena cara solo por intentar que todo esté lo mejor posible, pese a todo?
Fotografía: Camilo Cuevas.

Yo veo que ellos, no ponen esfuerzo, mientras que a mí toda aquella situación solo me hacía sentir que me destruía mentalmente de a poco… Ok, el daño y la pelea ya está hecha, no sé si cuando se enojaron pensaron que iba a ser un conflicto mucho más allá de uno o dos meses, pero veo que en vez de parar (como decía, al menos por mí y hermana) cada vez se ponen peor.
Probablemente esperaban que yo siempre toleraría lo que hacían por el hecho de no “meterme” y hacer creer que “no pasaba nada” y por eso seguían haciendo las cosas más tensas y difíciles, en cierta forma, creo que les demostré que yo también estoy aquí, y que esas cosas resultan dolorosas, por mucho que no tengan nada en mi contra, sino que contra mi mamá. Dudo que se reconcilien y nos reconciliemos alguna vez, pero si quieren hacerlo, no seré yo quien me meta en medio, deben ellas solucionarlo y poner esta vez de su parte. De todas formas, sea lo que sea, ya nada será igual nuevamente.
En fin, fue triste pasar la navidad y tantas fechas sin ellas, pero creo que mi decisión era inevitable. Si debía elegir entre ambas partes, debía quedarme con quien no inicio el conflicto (mi mamá). De todas formas sigue siendo difícil y triste; por ejemplo el tener que cruzarme inevitablemente con ellas a veces por la calle (debido a que seguimos siendo vecinos) y hacer como si nada.
Evidentemente también pienso como seria todo si siguiera junto a ellas, por ejemplo, junto a mi tía a quien extraño y con quien me encantaba siempre trabajar ¿Mis trabajos serian mejor que los que tengo ahora? ¿Me habrá afectado para mal la calidad de estos? Creo que esto me dejará eternamente marcado ya que es imposible que termine bien, pues eso está fuera de mis manos. Igual en última instancia, me bastaría con que, ojala, estén bien, pues yo no les deseo mal.
Debido a estos hechos, durante el año tuve que faltar a clases a las cuales quería ir pero no estaba en condiciones. También hubo muchas pruebas que no di. Por ello, luego de hablarlo y reflexionarlo detenidamente junto a los profesores, decidí volver a hacer segundo. Ellos me decían que no era necesario, porque, aun con todo lo que me pudiera faltar, estaba mucho más avanzado y en mejor forma que la mayoría de mis compañeros. Pero pensaba que si no puedo retroceder en el tiempo, al menos podría igual intentar ciertas cosas que estuvieran a mi alcance como volver a hacer un curso e intentar quitarme así la mala experiencia del año.
Naranjo. Fotografía: Camilo Cuevas.

Eso sí, aun el año me tenía una última “sorpresa” preparada cuando un día viernes, me llamó la atención el ver que mi gato Naranjo no se había aparecido por más de 6 horas, lo que es muy raro, porque cuando se ausenta, no son más de 2 horas como mucho. Sabe andar por el techo y es la primera vez que le sucede. Entonces era evidente para mí que le había pasado algo. Estuve el fin de semana buscándolo durante todo el día y pegando carteles. Mi papá me ayudó durante el domingo en la noche y lo encontramos unos varios techos más allá maullando desesperado. Intentamos subir con una escalera pero se asustaba y se desaparecía en la oscuridad.
Al otro día falté a la escuela y estuve desde temprano llamándolo donde lo vimos la última vez y no aparecía. Ya estaba desesperado pensando en que se perdería o que se estaría muriendo de hambre y todo. No me gusta hacer esas cosas pero, por mi gato fui capaz de hablar con los vecinos y explicarles la situación y me ofrecieron ayuda dejando entrar a sus casas y meterme a sus techos. Lo vi a lo lejos pero no podía acercarme mucho porque el techo se ponía frágil en ese lado y en general era peligroso porque aquí los techos están oxidados y llenos de porquería y chatarra. El calor además era insoportable como rebotaba y el techo estaba ardiendo. La vecina debía salir así que tendría que irme.
Más tarde, seguí buscando por la calle en los alrededores hasta que apareció de nuevo. Rápidamente fui por una escalera y aparece una de mis tías y se mete a ayudarme. En ningún momento le quise pedir ayuda pero se la agradecí, no quería que se hiciera falsas esperanzas de que volvería donde ellos así como así. Al final logramos sacarlo y desde entonces no se ha vuelto a perder. Estaba muy sucio. No lo pasé bien durante esos 4 días, obviamente, pero siento que lo di todo y que demostré que puedo acercarme a otros, si el “deber me lo dice” por lo que no soy limitado. Además me sentí bien de ver que también puedo recibir ayuda desinteresadamente.
Así entonces volví este 2015 a hacer segundo año. Por supuesto, di las pruebas que antes no di y entregué la mayoría de los trabajos pedidos. No me arrepiento porque creo que me sirvió para profundizar en trabajos con los cuales me animaron a seguir y que me gustaba realizar. En concreto me encanta fotografiar la naturaleza primitiva, y cosas tan simples como árboles, cactus, rocas, raíces…buscarle “el lado” a cada una, es simplemente una atracción que siento. También me encanta fotografiar para registrar barrios y casas/fachadas antiguas, antes de que desaparezcan, documentar, ojalá sin personas. Lugares fascinantes como Valparaíso, por ejemplo. Simplemente me hace sentir muy bien el hecho de tomar la cámara y recorrer todo el día buscando y encontrando “lo que llegue” a mis ojos., es muy sano y espiritual para mí.
Fotografía: Camilo Cuevas.

Me encanta la fotografía como una especie de “aventura” y de enfrentarse a lo que ofrece el destino en medio del rumbo. El viaje como una experiencia estética para reconocer ese “universo oculto”, que puede estar escondido a causa de la trivialidad del hábito diario (como decía Brassai, uno de mis fotógrafos favoritos). Me gusta que la cámara funcione como una especie de “cuaderno de viajes”. Me encanta esta frase del fotógrafo Elliot Erwitt: "Para mí, la fotografía es un arte de la observación. Se trata de encontrar algo interesante en un lugar ordinario... He encontrado que tiene poco que ver con las cosas que ves y todo que ver con la forma en que los veas”.
Puede parecer lógico por el hecho de que ahora solo cuento con mis papás para trabajar en fotos, y aunque ellos siempre intentan ayudarme, a veces es difícil coincidir y a veces simplemente están cansados debido a tanto trabajo. Pero creo que mi interés por las temáticas que nombré, trasciende eso y seguirían siendo mis preferidas, aun si contara con mucha gente con la cual trabajar. De todas formas, ya me han advertido que es un problema que en todas mis fotos salgan los mismo modelos (mi papá y mamá) pero es algo que siento que escapa a mi alcance. Simplemente no conozco ni cuento con nadie más. Me han dicho que las fotografías que uno saca expresan parte del mundo interior (ya fuera por la visión de uno y según como uno se sienta emocionalmente) de cada uno y me gustaría saber cuál podría ser el mío con respecto a mis fotos. En cuanto a la relación con mis compañeros, pues como dije, siempre intenté mantener buenas maneras con ellos.
Creo que siempre fui al que más se le pidió ayuda en general, lo cual me lo tomaba como un halago en el hecho de que confiaran en mí y no me ignoraran, pero a la larga también me hacía pensar hasta qué punto no podría considerar aquello como mero interés o aprovechamiento. En ese sentido en el curso en que estoy ahora (como volví a hacer segundo), no tengo relación con los demás, pese a que me he acercado por mi cuenta, pensando en que quizás los demás no me ven confiable.
En el anterior, tenía más contacto pero era demasiado superficial en el fondo, como decía, así que para eso mejor prefiero estar solo, por lo que me gusta igual más este curso. Me escribían sí, pero para preguntar “¿qué clase tocaba?” “¿A qué hora?” “¿Qué se llevaba?” y ese tipo de cosas. Incluso fui tan ingenuo de andar prestando dinero pensando en que me lo devolverían pronto. Sin embargo, no me dejé pisotear y estuve durante meses pidiendo mi parte. Yo no soy tímido, más bien callado, pero si se da la oportunidad, puede que tenga mucho que decir también. Incluso puede ser que los demás sean más tímidos que yo.
Fotografía: Camilo Cuevas.

De hecho, me gusta mucho ahora hablar con los propios profesores (cuando creo que hay tiempo por parte de ellos) debido a que disfruto mucho las materias de tendencias más artísticas y me encanta conversar sobre ellas (como dije antes, muchos veces he sentido más afinidad con mis mayores que con mis semejantes) y sobre fotógrafos. Aunque también siempre me queda la duda de si seré una molestia simplemente cuando me acerco a conversar.
En ese sentido la fotografía se ha transformado como lo es el cine para mí, cuando investigaba y leía (y lo sigo haciendo pero en menor medida) sobre directores o estilos cinematográficos, simplemente me causa placer ello, mientras que los aspectos más técnicos (sobre manejar equipos o la tecnología), me resulta aburrido (aunque no por ello le quito importancia). Pienso que creo cierta distancia teórica entre mis compañeros y yo, ya que a ellos parece interesarles más le técnica por sobre la expresión, a diferencia mía (lo que es muy respetable, en todo caso). Aunque eso lo digo en cuanto a apreciación solamente, no considero necesariamente que mis trabajos lo sean. También nos gustan fotógrafos muy distintos por lo mismo.
En el fondo sigo siendo más “humanista” que “científico”, teóricamente, como siempre lo fui en mi etapa escolar. Por ello es absurdo que se piense en los Asperger como que todos somos unos “Einstein”, o unos nerds que solo nos interesan las películas de superhéroes y los juegos de video online (aunque no pretendo criticar a los que sí lo hacen).
De todas formas, al momento de realizar trabajos en la escuela, no estoy cerrado ante nada como dije, ya que a veces pueden suceder cosas interesantes con respecto a ciertos trabajos. Por ejemplo, en principio no puedo decir que la “moda” me guste o interese, pero me fue muy bien en mi primera sesión en la escuela, ya que la modelo le dijo a la profesora que mi trabajo fue el que más le gustó, y también que conmigo fue con quien se sintió más cómoda trabajando y siendo dirigida, lo que me llamó mucho la atención porque no lo esperaba.
Muchas veces he sentido que los demás solo se han acercado a mi “como un favor” al verme tan solitario, pero con el tiempo, lógicamente ya no me toman en cuenta. Entonces creo que por eso muchas veces soy tan reservado, para evitar eso, si al final igual solo soy una “opción” o una “curiosidad” para los demás. He decidido que solo tendré en cuenta a quien me agrade o sea una experiencia positiva para mí. Por muy “frío” que me mantenga, siempre termino dando ayuda a quien, a su vez, no me aporta como persona. Puede que eso se deba también a que siempre he sido un verdadero solitario y a veces, pienso “¿Qué si no será mi culpa por no ser ‘amigable’?” Pero cuando lo soy, sucede lo que dije antes, me termino juntando con quien creo que no me respeta en el fondo. No creo que esto se deba a que pueda ser “sumiso”, más bien, simplemente me tomo en serio el compañerismo y en principio me gusta ayudar.
En la fotografía:Camilo (Fotógrafo:Gabriel Salazar).

¡Pienso en los protagonistas de los clásicos Western Americanos que para ellos la amistad es ante todo un código! Pero puede que me haga mal pensar en la sociedad como en una película de aquéllas. Siempre me dejan lo que para los demás son las sobras. Creo que por ello siempre he terminado colaborando con personas a las que realmente nunca he interesado. Si a mí alguien no me interesa, en cambio, es en todo sentido, me alejo aunque me ofrezca una mano. Y eso no es por miedo a los demás, creo que tan solo he sentido el deseo de ser valorado. Creo que si lo pienso detenidamente, siempre he estado solo en realidad, pero a mis deseos de destacar frente a otros en lo que yo creo que son mis méritos, no sé si las demás personas tendrían ese aguante. Recuerdo cuando una vez oí, en una conversación ajena, que el ser humano necesita del contacto con los demás para vivir.
En realidad como conclusión se puede decir que siempre he estado "solo" y mi único contacto real es con mi familia (padres y hermana) y pensaba ¿Hasta qué punto es normal eso? Puede que quizá ya me acostumbré a ello debido a tantos años, y pensaba si los demás pueden vivir así y les sería normal o no, y si soy el único. Por supuesto, no es que no hable con nadie ni que no "exista" en la cotidianidad, pero nada personal realmente. A veces soy solo el de los "recados", al que le preguntan que hay que llevar o que toca tal día (hablando de las clases aun porque es el único ambiente social en el que estoy) pero nada más. Por ejemplo, muchas veces ofrezco en clases mi ayuda y a veces me la aceptan, aunque rara vez me la piden; pero (otro ejemplo) cuando éstas terminan (las clases) pueden deciden ir a un bar a conversar, beber algo, etc, siempre quedo solo y no soy invitado. No diría que me interese especialmente ser de muchas amistades pero también, la verdad es que creo que en el fondo igual muchas veces me pone algo triste el no sentirme valorado y me da a pensar en si tiene o no sentido vivir "solo para uno", sin que nadie sepa mucho de tu existencia más allá de físicamente. No sé si soy débil por ello, aunque no lo creo, porque como digo: Llevo toda mi vida, aun así, he interactuado también con alguna persona que siento que me valora y me da de su tiempo en forma desinteresada.
Fotografía: Camilo Cuevas.

De verdad a veces me gustaría desaparecer, y si no me sintiera atado por la familia...por el hecho de igual pienso que no podría dejarlos "solos", es lo único que me detiene en mi deseo...Sin dejar de considerar, además, que ya han habido duros golpes dentro de este ambiente como para agregar otro (además que sigo sintiéndome culpable, aunque no lo sea, como cargando la cruz por todos, debido a que creo ser la unión de cada posición). Pero detesto (con mayor o menor intensidad), el hecho de vivir solo por esta obligación (inevitablemente) autoimpuesta. Siento que luego de 12 años (cuando hubo un cambio brusco en mi personalidad) aún no he "encontrado mi lugar, mi momento..." Como siempre he esperado (y personalmente creo que he hecho mis esfuerzos por ello) y en cambio, cada día me siento más cansado debido al peso que siento encima, creo que me he acostumbrado a vivir con la angustia dentro, de forma latente, pero creo que cada vez tengo menos resistencia ante ella. A veces es tan fuerte que me deja paralizado, me quedo durante buenos ratos sentado, pensando y sin hacer nada (creo que por ello me gusta seguir corriendo, para sentirme activo)...Es un "peso" que cada me cuesta más mantener y que siento que me quita las ganas de hacer lo que diariamente hago. A veces siento que solo la rabia "me mantiene encendido", pero toda esa rabia tampoco siento que sea "gratuita", es un arma de doble filo y tampoco es suficiente como para toda una vida. Sinceramente, y aún a riesgo de equivocarme ciertamente, pero creo que otras personas de mi edad no habrían aguantado como yo si estuvieran en mis zapatos...Se habrían "echado" a perder de diferentes formas como personas en su integridad. pese a todo esto, diría que he sido fuerte porque sería muy fácil también buscar "refugios y distracciones" con las que cuenta la gente de mi edad, y por ello creo que siempre estaré apartado de la "comunidad". Creo que nadie se imagina cuánta angustia llevo siempre encima, y ciertamente lo entiendo, porque desde luego, no me interesa llamar la atención de manera pública ante los demás con esto, intento parecer lo más normal posible y ser agradable (a veces demasiado generoso...como he dicho en mi biografía). Incluso suelo reírme bastante a solas. Yo he perdido el sentido por "vivir", aunque yo sólo diría que sería "desaparecer", ya que ni siquiera podría llamar a eso vida en el sentido amplio y completo de la palabra, sí, básicamente me siento un muerto en vida. En realidad es algo que considero y me parece aplicable a la gran mayoría de las personas en sus superficiales vidas, pero al menos ellos pueden "vivir" (o una imitación a la "vida", en caso de no poder llamarse así...) al estar adaptados, tienen un curso que seguir y poseen las herramientas para seguir su camino (por más discutible que pueda ser, como dije). Yo en cambio, no sé ni para qué estoy aquí, sólo siento que cada día me acerco lentamente a lo que, a estas alturas, parece inevitable. Pero incluso los otros, de seguro que tienen un "algo" (por muy superficial que pueda ser) que los "ata" a levantarse cada día, yo en cambio sólo siento el mero compromiso de hacerlo, pero nada más.
Fotografía: Camilo Cuevas.

Y eso sólo me produce solo rabia, sumado a la angustia que ya siento, y una incertidumbre con respecto al día a día. De todas formas, sé controlar esta rabia socialmente, pues nadie la nota ni la siente. Sin embargo, en mi interior sí siento que a veces me hace sentir un "caos". lo que siento es que dentro de mi ambiente "todo da igual" con respecto a mí, mientras "sea feliz" o "tenga lo justo y necesario". Si no estoy hecho (por no contar con muchas "herramientas" que poseen los demás) da igual, porque no necesito estar "al nivel" común de los demás teniendo lo anterior. "¿Para qué preguntar tanto?" dicen, "si al final todos saben poco y nada de ti". Pero eso no es vida. Yo no puedo vivir eternamente en base a distracciones. Por eso me daría igual desaparecer. Bueno, yo estoy consciente que, en comparación a los demás, poco se sabe de mi existencia, pero eso no significa que a lo largo de mi vida me habría gustado sentir valorado por ello. He "funcionado" y me he "construído" en el diario vivir, pensando en que mi posición como persona fuera como la de los demás, que muchos saben que "estás ahí", aunque sepa que no es así (o en un porcentaje ínfimo). Por supuesto llegó un momento en que dejé de intentar realizar "lo que los demás" pese a que sabía que no me gustaba y que sólo me hacía daño a mí mismo y quise "construirme" con base a lo que creía que podía ser alguien mínimamente digno, dentro de mi alcance. Personalmente siempre he visto, y estoy de acuerdo, con que aquello de "desaparecer" es cobarde por el hecho de dejarlo todo. Por dar un ejemplo, eso pensé cuando lo hizo Robin Williams, ya que "no le importó dejar sola a la hija que tuvo". Incluso, en este mismo momento estaba pensando en que mi desagrado contra los que "desaparecen" es porque los envidio por su decisión. Pero al final no sé si realmente importe tanto, porque el mismo hecho de tener hijos, me parece igualmente egoísta por aquello de anteponer la "vida" a otros. Considerando eso, "desaparecer" podría ser al final tan sólo una revancha. Pero como digo, igual en el fondo, me da "lata" y no podría llegar a una conclusión. Por eso, insisto, gran parte del tiempo siento que mi vida es tan solo "esperar a que llegue de forma natural su fin", pero no siempre, cada vez menos siento, tengo la paciencia para aguantarlo e ignorarlo. Realmente no sé si me habría gustado ser "otro más" y perder la individualidad personal que he construido con tal de "funcionar" como el común de los mortales. Esto me lleva nuevamente "al otro lado" porque igual pienso en que me resulta "pesado" el pensar en tirarlo todo cuando ha habido esfuerzos por mi parte. Lo único que tengo claro, es que si el día de mañana justo me cae un rayo y me deja calcinado instantáneamente, me daría igual, no lo lamentaría posteriormente.
Fotografía: Camilo Cuevas.

Yo, a lo largo de los años, me he esforzado intentando mantener un equilibrio entre ser "como los demás" y al mismo tiempo negarme a realizar las cosas que no me agradan y sí realizan los demás. no sé si por eso, pero he notado que cada vez estoy menos dispuesto a realizar las "cosas" que no me agradan, pero "quizás, debo hacer", si al final digo: "¿Y para qué?". Por eso siempre me ha provocado odio hasta el día de hoy cuando se cree que, lo que no sabría hacer, es porque "busco excusas o privilegios". Por el contrario, siempre he preferido, dentro de lo posible, que no se note si estoy "jugando" en desventaja en comparación a los demás. Y a veces, por lo mismo creo que he buscado "tranzar" con respecto a estas cosas para no perderme del todo. No espero una solución ni ánimos ante esto, pero consideraba que era importante escribirlo aquí en este punto...sentiría que estaría incompleta mi historia sin esta parte.
Por último tengo que decir que siento “extraño” hablando tanto de mí, ya que no es mi forma de ser y pareciera ser, quizás, como “otra persona” o estar actuando en este punto, ya que evidentemente soy reservado y no me gusta mucho hablar a menos que me pregunten o que quizás, me “deje llevar”. No es fácil que me “despierte” en ese sentido.
Esta es mi página en Internet en donde expongo mis fotografías:
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